carta de amor a mis quesos

This love letter was written by my French-Mexican friend who loves and knows cheeses like no one I have ever met. Her letter is an explosion of all of the senses. Enjoy!

Mis estimadisisismos quesos,

 

Decidí rendirles un homenaje a ustedes.

Los quiero mucho mucho por varias razones. 

 

Primero porque son una explosión de los sentidos. cuando llegan a la mesa en una tabla, ustedes tan variados, o cuando los veo en la quesería, con sus diversas formas, texturas, presentaciones, son el presagio de un delicioso momento.

Primero viene su olor! Los que nos saben dicen que huelen mal, pero no es que huelan mal, es que mandan un mensaje. Nos dicen: hey, soy muy fuerte, ojo!  Hey huelo a pies, soy el reblochon, huelo fuerte pero no lo soy tanto… Hola, soy el Camembert, muchos me reconocen por mi olor peculiar, será por mi leche cruda?

 

Es de las pocas experiencias medio contra intuitivas, cuando a pesar de olor no friendly, lo quieres traer a la boca. El olor y el sabor se pueden contradecir con los quesos.

 

Después el tocar. Uno se sirve, y ojo como cortas, hay reglas! y tienen tantas opciones de texturas: el duro como el Comté, el casi liquido como un Camembert muy maduro o un Mont d'or, el entre los dos como un Saint-Nectaire, un Munster, y harinoso como la familia de los de cabra: el Crottin de Chavignol, une Cuche Cendrée... Unos duros se pueden comer con los dedos y otros se comen a fuerza con un pedazo de pan, pero siempre prometiendo un sabor diferente! 

Hablando del sabor, pues si, el sentido más evidente, son deliciosos. Son una explosión en la boca, llegan a ocupar todo el espacio, a dejar una huella muy propia según el queso, por mucho tiempo en la boca, en el paladar.

Según su textura invaden de manera diferente el espacio. Uno tendrá que masticar más, o aplastar entre la lengua y el paladar, e inhalas e exhalas y así pasa por la nariz. también, y para seguir el viaje más allá del mas allá en el placer, dale un trago de vino tinto, ouahhhhh y ahí cierras con el oído; escuchas “HUM”... y la botella de vino que rellena las copas.

Aquí es cuando empieza de mis bailes favoritos: el baile del sabor que, solo lo lleva el ritmo de tu gourmandise (puede durar mucho tiempo). Así va: “ahh me queda un pedazo de pan, dame tantito queso, oohh me corto un pedacito más de queso para este ultima trago de vino que me queda, hum mira me queda tantito queso,  sírveme más vinito por fa.... etc etc etc

 

Los quiero mucho también porque cuentan una historia! Cada uno de ustedes son una historia, de un terroir, de un pueblo, de un rancho, de una familia, de unos animales… Muchos de ustedes tienen el nombre del pueblo donde nacieron: Camembert en Normandie, Saint Marcelin en Rhône Alpes, Munster en Alsace, Époisses en Bourgogne!

Quiero armar un viaje y recoger cada uno de esos pueblitos de donde nacieron. Me los imagino con paredes y techos hechos de ustedes!

Así que, en cada hogar, a través de los quesos que se acostumbra consumir, uno puede conocer un poco de su historia. ¡Si me encantan los Crottins de Chavignol es porque mi abuelo vivía en esta región y cada vez que venía llegaba con una charola del más maduro al más fresco y una botella de Sancerre! Bonheur, llegó el abuelo!

Si me gusta el Saint-Nectaire es que la familia de mi amiga Bettina es de Auvergne, de donde viene este queso, y que pasaba mucho tiempo en su casa de niña… la manera en la cual seleccionamos los quesos en la quesería es el reflejo de una bagaje de la vida que tenemos, los must have. Y luego tenemos todo un campo abierto para aventurarnos a probar nuevos, que uno puede pasar horas en la quesería y seguir sus recomendaciones. Asi es como probe un Tomme increíble, del quesero de Laura, con un vino de Jura encima, ouahhhhh, que cosa en la boca, cuando pasan esas cosas, el resto del mundo deja de existir.

 

Desde luego, el momento de la comida cuando llegan los quesos, es mi favorito.

En Francia, es después del plato fuerte, antes del postre si es que el queso no sirva de postre.

Cuando uno está invitado a un nuevo hogar, es esta sorpresa de que quesos serán, y llega la tabla, y se pasa de invitado en invitado, ojo con los que cortan mal los quesos; yo por lo general me sirvo de todos! Si había previamente una comida pesada, preferí guardarme un espacio para este momento que tanto quiero. Y de repente, tengo en mi plato unos 4 o 5 pedacitos de quesos diferentes, con su respectivo pan, su ensalada verde con una rica vinagreta y la copa llena de vino tinto, y es un espacio un poco fuera de tiempo. Ahora que lo pienso, prefiero no tener una platica intensa; profunda que requiere mucho de mi ser, de mi energía, prefiero estar flotando en el aire, enfocada en este baile que tanto quiero, del queso pan y vino, timeless.

 

 

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